
ACTO III
Susanna y la condesa han tramado otra. Ahora Susanna va a ir a encontrarse con el conde para proponerle una cita, a la que irá, evidentemente, la condesa. Susanna ve así la manera de matar dos pájaros de un tiro: ayuda a su ama, y por otra parte pone al conde de su parte en contra de Marcellina. Así que cuando se pone a disposición suya, el conde encantado, acepta de mil amores encontrarse con ella en el jardín.
La criada, sale y se encuentra con Figaro al que le dice que ella sin ayuda de ningún abogado, ha ganado su causa contra Marcellina. Estas palabras, son fatalmente oidas por el conde, que humillado, se siente engañado y promete una venganza tremenda contra esos conspiradores.
Susanna, ignorando la que se avecina, va a decirle a la condesa que todo está saliendo a pedir de boca. La condesa le dicta una nota a Susanna, especificando bien claramente el lugar del jardín donde va a tener lugar el encuentro. Cierran esa cartita con un broche que ruegan que le sea devuelto, a Susanna naturalmente.
El juicio contra Figaro ya ha empezado y se acaba rápido. Es condenado o bien a pagar o a casarse con Marcellina.
Entonces Figaro hace alusión a sus nobles orígenes, ya que a pesar de haber sido abandonado, cuando lo encontraron estaba envuelto en finas telas,con oro y piedras preciosas,por lo que se deduce que es de buena familia. Tiene además un tatuaje en la espalda que puede ser emblema de sus padres, a los que busca desde hace tiempo y quiere pedir su bendición para casarse.
Marcellina y el doctor Bartolo enmudecen ante esto y emocionados, recocnocen en Figaro a su hijo perdido, fruto de su antiguo amor. Allá entonces se abrazan todos, y el compromiso queda, evidentemente, anulado.
Cuando Susanna llega con el dinero suficiente, y prestado por la condesa, para saldar la cuenta de Figaro, se encuentra no sólo con un futuro marido, sino con unos futuros suegros que la abrazan como a una hija. El que se ha quedado sin habla es el conde, al que ultimamente nada le está saliendo a derechas.
La boda será doble ahora, Marcellina y Bartolo se casarán también. Todo ya está dispuesto. Los novios, el pueblo y los condes presidiendo los enlaces.
En un momento del ritual, Susanna hace entrega al conde de la nota con el broche, lo cual a éste no le induce más que pensar en unos momentos de feliz intimidad con ella.
El conde lee la nota y se pincha con la aguja del broche. Figaro ve toda la escena y entiende que una vez más su amo ha recibido una nota amorosa de una mujer, lo que ignora es que es la suya.
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El DVD de esta versión de Le nozze di Figaro:
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